Retorno a la belleza. Grandes momentos del arte, la música y la literatura
Quienes tenemos la suerte de conocer a Antonio Rubio Plo desde hace algunos años y poder considerarlo un amigo podemos entender por qué Antonio es historiador y profesor, entre otras facetas. Antonio es historiador porque busca todos los factores y variables que influyen y derivan en un suceso. Es decir, con minuciosidad y dedicación persigue la información en torno a un hecho, un período, un acontecimiento. No para justificarlo sino para entenderlo. Pero, he aquí su genialidad, no lo hace de una forma aséptica o fría como un técnico que quiere reproducir un experimento en su laboratorio; antes bien, Antonio lo hace con una mirada y una vocación humanistas y sensibles. De este análisis se deriva su segunda faceta, la docente: la necesidad (generosa) de compartirlo con el resto, de trasmitirlo y hacernos partícipes de esa mirada única.
Esta esencia la vemos reflejada en su último libro, “Retorno a la belleza. Grandes momentos del arte, la música y la literatura”, del que me atrevo a decir que es su obra más destacada y magistral, en el sentido clásico del término. Frente a una actualidad empañada por la vulgaridad, la obscenidad y el horror de las injusticias humanas, Rubio Plo nos regala momentos de calma y esperanza acercándonos grandes creaciones artísticas universales cuya belleza cura el alma y renueva la esperanza. No espere el lector unos capítulos llenos de información abrumadora o datos inconexos, no. El lector encontrará una mirada única, rica y enriquecedora a obras de sobra conocidas tales como La Piedad, de Miguel Ángel; La Tempestad, de Shakespeare; La Novena sinfonía en re menor, de Beethoven o Cinema Paradiso, de Tornatore, entre otros.
Sin ánimo de desentrañar la obra y robarle el asombro al lector, Antonio nos regala pinceladas e impresiones que te acercan a la obra y al autor hasta tal punto que te sitúas delante de él en su creación y puedes llegar a conocerlo. Lo vemos con Velázquez, a propósito de su Retrato de Inocencio X, cuando nos señala que “no resulta difícil imaginar que Velázquez haría uso de toda su prudencia o paciencia para tratar con un modelo de carácter tan recio como desabrido”; o al acercarnos a la vida cotidiana de Jane Austen al indicar que, al ser hija de un clérigo anglicano, “en su casa habría una nutrida biblioteca”. Este apunte tan trivial permite imaginarte el lugar de trabajo de la escritora y visualizarla en un momento de su vida, recurso empleado con los otros artistas.
Confieso que las obras seleccionadas por Rubio Plo que más me han gustado han sido las musicales y los cuadros. Y esto tiene un enorme mérito porque, lejos de perjudicarle la ausencia de imágenes o la imposibilidad de representar la melodía, Antonio te hace partícipe de la obra, la recrea en ti y consigue que la veas o la escuches mientras lees sus reflexiones en torno a ellas. Esto mismo me ocurrió a propósito de la “Novena Sinfonía en re menor”, de Beethoven, cuando escribe: “mientras, el tercer movimiento, sereno y melancólico, es interrumpido en ocasiones por el sonido de la trompeta, que puede generar una cierta inquietud”. O en el cuadro de Millet, “El Ángelus”, cuando con precisión nos indica que “se trata de una composición construida sobre líneas elementales, tanto horizontales como verticales. Tiene unas proporciones armoniosas que forman una estructura simple y equilibrada. En la línea del horizonte el paisaje queda dividido en una tercera parte de cielo y otras dos de tierra”. Confieso que desconocía el cuadro y el estilo del pintor pero, tras leer el capítulo y buscarlo, me sorprendí al ver que mi imaginación guiada por Antonio no se había desviado mucho.
El lector encontrará en este libro pequeños momentos de remanso y aprendizaje que le permitirán evadirse del ruido y disfrutar de la belleza de las cosas bien hechas. Antonio nos invita con él a detenernos y a recuperar la curiosidad y la sensibilidad para apreciar el arte y aprender de él. Y, lo que es más importante, a practicar en nuestro día a día el sosiego, el equilibrio y la búsqueda y el ejercicio de la verdadera belleza.
APM
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